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jueves, 22 de noviembre de 2012

Cosas de la política


La comisión de investigación sobre el caso de los ERE en el Parlamento de Andalucía se cerró ayer sin un acuerdo entre los partidos para señalar responsabilidades, más que en los cargos de mínimo nivel. La falta de acuerdo entre los tres grupos de la cámara pone aún más en evidencia la poca destreza política que viene acusando a Andalucía en concreto y el Estado en general. Las decisiones de este tipo son las que alimentan los fenómenos tipo ‘rodea el Congreso’ o ‘rodea el Parlamento’ que cuestionan la legitimidad de la soberanía que se supone regentan estas instituciones. El desapego hacia la política no puede hacer más que crecer después de situaciones como ésta.

La lectura que hacen cada uno de los tres partidos es obviamente, auto-exculpatoria, pero la cuestión es que cada uno se lleva su parte de responsabilidad en el fracaso. 

El Partido Popular andaluz no puede haber manoseado de peor manera el legítimo derecho de conocer la verdad de lo que pasó en el reparto de las ayudas. Con sus expectativas puestas en San Telmo, nunca se ha bajado de la tesis exagerada que otorgaba a Griñán y Chaves la máxima responsabilidad en el ejercicio fraudulento, cuando las funciones en una administración como la andaluza, están bastante claras. Orquestó una campaña mediática –algo que se le da muy bien y que está muy de actualidad ahora en Cataluña-, que le llevó a bascular de un extremo a otro en el momento en que no consiguió gobernar. Del ‘a por todas’ en sus exigencias de entonces y en las conclusiones de la comisión, al ‘nada’ pactado a modo de rabieta. Esto da que pensar: ¿Su intención era sólo ir a por Griñán o querían conocer la verdad? ¿Será que, viendo ya que no va a presidir la Junta, le da lo mismo cerrar la comisión en falso?

Desde luego, es un movimiento que, a nivel de estrategia política es difícil de entender. El caso de los ERE le ha servido al PP en gran parte para ganar, por primera vez en la historia de la democracia, sus primeras elecciones en Andalucía. ¿Cómo deja pasar esta oportunidad de oposición tan evidente al PSOE? ¿No hubiera ejercido mejor su papel de control del poder que le corresponde, si hubiese llegado a un acuerdo razonable con IU? Desde la sorpresa de las elecciones, el PP en Andalucía se comporta como una suerte de partido acomplejado que, sin la figura de Arenas, no termina de encontrar su rumbo. Sólo desvía su queja por todo hacia el pacto de gobierno y llega a defender posiciones que rozan la esquizofrenia criticando recortes en los presupuestos de la Junta al mismo tiempo que defiende las ‘reformas’ de Rajoy en el Gobierno Central.

Es entendible que el PP no quiera ceder protagonismo a IU cuando está en contra de lo que denomina como ‘bipartito perdedor’, pero las responsabilidades a las que apunta la federación de izquierdas en el dictamen inicial son mucho más altas e interesantes que a las que se han acogido finalmente. ¿Por qué renuncia a ellas? Con esto sólo consigue, por una parte, que no se haya depurado una responsabilidad política real, lo cual también es función suya como representante de los ciudadanos que le votaron, recordemos, mayoritariamente. Y por otra, hace que Griñán siga sin tener a nadie que le tosa en el Parlamento, atreviéndose a postularse incluso, como el salvador del PSOE.

Izquierda Unida por su parte, ha podido actuar con cierto miedo a que su beligerancia en la comisión desembocase en una ruptura del pacto en el que está gobernando. Pero esto tiene una doble lectura porque en realidad, si no fuese por el pacto, la comisión no se hubiese podido crear. La intención era positiva, pero los resultados dejan mucho que desear.

Lo que queda es una situación rocambolesca. El PSOE de Andalucía que, en contra de lo que le ocurre en el resto del Estado, se encuentra en su máximo apogeo, sale airoso del asunto. Cosas de la política. Siendo el partido más castigado en las elecciones, ha conseguido reforzar su influencia. ¿De verdad esta es la voluntad de los ciudadanos?

domingo, 28 de octubre de 2012

La(s) izquierda(s)(?) y sus cosas


Hoy la prensa nacional se ha puesto de acuerdo para hablar del PSOE. Por Internet, se leen comentarios reprochadores que indican la causa de muerte del periodismo por hablar de cosas que no interesan a la gente. Yo no lo creo tan así. Es cierto que la actualidad arroja temas que a nivel de servicio, le interesan más a los ciudadanos, en teoría. Pero en la práctica vemos que tampoco funcionan. No por mucho hablar más de recortes y denuncias –temas que indudablemente, entiendo muy necesarios-, se venden más periódicos, o se difunde mejor la crítica al poder, que es en lo que consiste. Los problemas del periodismo son muchos y difíciles, no se reducen a esto.

Analizar la política en términos de partido, aunque afecte menos directamente a la gente, también es un servicio que -eso sí, bien hecho-, está entre el A-B-C del periodismo desde sus inicios (con perdón por lo de ABC y lo de “bien hecho”).

Una de las conclusiones obvias es que el PSOE tiene que aprender a encontrar respuestas rápidas. Si quiere ser algo en la izquierda tiene que ir al ritmo que marcan los movimientos sociales, no las estructuras estancas. Si se está planteando un debate en la calle sobre el Modelo de Estado, el modelo de democracia, o cualquier otra sensibilidad, se tiene que trasladar al funcionamiento del partido y proponer ideas, si de verdad se quiere re-conectar con la sociedad. Moverse rápido no es tan difícil. Para otras cosas (erróneas) que le han llevado a donde está -como el cambio en la Constitución-, bien que se dio prisa.

En concreto, tiene que perfilar su postura en el federalismo si no quiere quedarse fuera del Parlament de Catalunya. Y tiene que hacerlo ya, porque el debate es ya, no dentro de un año, como tiene previsto la ejecutiva.

Evidentemente también tiene que reengancharse a sus raíces, las casas del pueblo, como ha apuntadoalgún dirigente. Pero aparte de esas conclusiones obvias, en las que está como norma número uno dejarse en definitiva de vaivenes yé-yé con el neoliberalismo en sus políticas (tanto de González como de Zapatero), está el solucionar –otra vez, rápido-, el tema del liderazgo.

Y esto, también, tiene que hacerlo con honestidad. No se pueden ocultar a sus votantes los movimientos internos a la vez que se defiende la pluralidad. O se defiende o no. Lo que no se puede es tener escondido durante ocho meses después de un congreso tan polémico, ese fulgor que luego resurge cuando hay problemas (léase batacazos en Galicia y Euskadi) y que cuestiona la dirección. Esa crítica tiene que estar más presente siempre, no de forma intermitente. Hay que saber gestionarla.

En cuanto a Andalucía, si Griñán va a liderar de verdad la oposición a Rajoy, no debe servirle para practicar otro ejercicio de transfuguismo ‘a lo Chaves’, de Sevilla a Madrid. Tiene que hacerlo desde la Junta. Directamente, no se lo puede permitir. El PSOE ya no tiene ni la mayoría absoluta, ni todo el poder (el ámbito municipal pertenece al PP) y además, gobierna gracias a IU.

Si la corriente crítica dentro del partido que representa la federación andaluza quiere descabezar a Rubalcaba, no tiene que ser con José Antonio Griñán directamente, si no con alguien que lo represente dentro de su entorno. En cualquier caso todo apunta a Susana Díaz.

En definitiva, si el PSOE de Andalucía cree que tiene que liderar ese proceso de renovación dentro del federal, que lo haga. Pero que lo haga ya, -una vez más, rápido-. Porque la situación en Andalucía es cada vez peor, -más paro, unos presupuestos complicadísimos, asfixia financiera- y la única tregua que tiene es la situación de un PP andaluz a la deriva por la sucesión forzada de Arenas a Zoido, a la vez que una IU aliada para formar gobierno.

Es decir, el único síntoma de liderazgo que tiene Griñán para ofrecer al PSOE es no tener oposición, pero desde luego no es una gestión estupenda. Y esta situación no tiene por qué durar siempre. Por lo tanto, si comete el error de dejarlo todo en la Junta por irse a Ferraz, probablemente la solución sea peor que el remedio, tanto en el PSOE de Madrid como en el Andalucía.

En medio de todo esto, quien tendría que aprovechar la situación para tener algo más que decir es IU. Los dos grandes partidos están en medio de esos revuelos orgánicos. Pero ¿y la federación de izquerdas? Ahora más que nunca se debería notar su presencia en el Parlamento. Y de verdad, motivos no le faltan.