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domingo, 2 de diciembre de 2012

Jose Luís




Nunca he votado al PSOE. No sé si lo haré en un futuro (si tuviera que hacerlo ahora, tengo claro que no lo haría). En este mismo espacio he sido crítico con el partido, por lo que creo que no soy sospechoso de mentir.

He ido al homenaje de Felipe González en un acto de curiosidad e invitado por una amiga militante, a la que le hacía ilusión verme allí. La experiencia ha sido positiva. Por suerte, no ha resultado un mitin recalcitrante. El formato elegido era una especie de debate donde González y Rubalcaba discutían sobre temas pasados y actuales. En modo ameno, sin mensajes cocinados en los malditos gabinetes de partido hasta la segunda mitad donde sí ha tenido cabida un tono más oficial. Han llegado incluso a darle la oportunidad de participar a Zapatero en un momento del debate.

El acto estaba pensado para ser entre emotivo y sereno, en un intento de agradecimiento a la figura del ex presidente González y de auto-regocijo por los “logros sociales alcanzados de la mano del partido”. Tiene bastante pinta de punto de inflexión en el que, tras perderlo casi todo en las últimas cinco elecciones, el partido se mira al ombligo e intenta regenerarse de cara al futuro. Lo intenta. Ya veremos.

Ya he dicho en alguna ocasión que no llevo bien lo de mezclar la política y los afectos. Pero dicho esto, tengo que reconocer una cosa. He evitado aplaudir en los momentos en los que todo el mundo lo hacía, por convicción. Pero sólo ha habido una ocasión en la que sí lo he hecho, e incluso emocionadamente. Ha sido un gesto bastante espontáneo, en el que todo el Palacio de Congresos se ha puesto de pie cuando Rubalcaba ha reconocido, en un comentario que no he logrado retener del todo, las políticas de igualdad de Rodríguez Zapatero.

Hace unos meses en una discusión con amigo sobre la denostada imagen del expresidente, él defendía con mucha convicción la necesidad de reconocer su legado en materia de derechos civiles, concretamente en el matrimonio igualitario. Como decía, la política y los sentimientos, tienen que ir muy separados en mi opinión. Pero tengo que reconocer que esa decisión política en concreto me afecta en lo más privado de mi personalidad. Por eso he sentido la necesidad de aplaudir, y de reconocer que gracias a esa decisión esta sociedad es hoy un poco mejor. Por supuesto, no es un mérito exclusivo de Zapatero, porque detrás está el trabajo del activismo LGTB. Pero sí hay una gran responsabilidad suya en el hecho de optar por esa medida y no otra. Podía no haberlo hecho.

La cita era una excusa para agradecer Felipe González su apuesta por el Estado del Bienestar durante sus gobiernos. Yo no lo tengo tan claro. Sin embargo, me resulta menos dudoso reconocerle a Zapatero, aunque no lo haya votado, que su apuesta por la igualdad fue un gran éxito del que me puedo sentir orgulloso. Y no es de recibo enterrarle en la indiferencia por sus (muchos) errores cometidos. La democracia funciona así, supongo.

martes, 24 de julio de 2012

Otro último adiós


Esta mañana se ha anunciado el fallecimiento de uno de los "padres de la Constitución", Gregorio Peces Barba. Figura además del mundo académico y político, el histórico jurista socialista fue un firme defensor de los derechos LGTB y apoyó la regulación del matrimonio igualitario. Por este motivo y probablemente sin más fundamento que el del rumor, fue centro de comentarios sobre su orientación sexual en la red, que hoy se han vuelto a reactivar con la noticia de su muerte.

La ausencia a referencias sobre su vida personal en la mayoría de semblanzas que aparecen en los diarios, levanta la duda sobre si la identidad de su actual pareja se oculta por voluntad propia o por ser una persona de su mismo sexo, cuando en ocasiones similares en que se trata de una relación heterosexual, la viuda de un hombre relevante sí sería de algún modo visibilizada por los medios.

Pero más allá de la veracidad discutible de estos rumores, y sin querer contribuir a alimentarlos, la cuestión nos lleva a una reflexión genérica. En el caso de ser cierta, ¿es discutible la opción de ‘permanecer en el anonimato’ por parte de la pareja del mismo sexo de una figura pública?

Por supuesto, el ámbito privado de una persona no debe ser en ningún momento el hecho más destacable de su figura, ni debería ser el motivo de su reconocimiento o no. Y también con rotundidad, la decisión de permanecer en silencio por parte de su pareja, sería siempre respetable. Pero cabe preguntarse si verdaderamente ésta es una opción tomada libremente, sobre todo cuando se trata de una pareja de su mismo sexo y además, con una cierta edad.

Probablemente, el hecho de que una persona elija renunciar a parte de su identidad como “pareja de-“, por voluntad propia, es más que cuestionable. Seguramente responde más a una presión social que viene condicionada por dos elementos: existir relevancia social y ser homosexual, que es lo denunciable públicamente en este caso.

No se trata tanto de que la “pareja de-“, pueda acudir o no a los posibles actos protocolarios que se hicieran para honrar al difunto, sino de la posibilidad simplemente de ser representado, o nombrado con normalidad en los medios de comunicación.

La necesidad de que personajes públicos expresen abiertamente su condición LGTB no está en el morbo por sus asuntos privados, sino en el ejemplo que pueden suponer para favorecer los derechos de muchas personas. Cuando la sociedad ve que se da por válida esta opción en representantes de instituciones importantes, es más probable que se llegue a una situación de normalización real porque también la sociedad lo da por válido. España ya dio un salto de gigante con el hecho de que el Estado normalice esta situación con el matrimonio igualitario. Otro paso sería que los que conforman el propio Estado además, lo ejemplifiquen.