Nunca he votado al PSOE.
No sé si lo haré en un futuro (si tuviera que hacerlo ahora, tengo claro que no
lo haría). En este mismo espacio he sido crítico con el partido, por
lo que creo que no soy sospechoso de mentir.
He ido al homenaje de
Felipe González en un acto de curiosidad e invitado por una amiga militante, a
la que le hacía ilusión verme allí. La experiencia ha sido positiva. Por
suerte, no ha resultado un mitin recalcitrante. El formato elegido era una
especie de debate donde González y Rubalcaba discutían sobre temas pasados y
actuales. En modo ameno, sin mensajes cocinados en los malditos gabinetes de
partido hasta la segunda mitad donde sí ha tenido cabida un tono más oficial. Han
llegado incluso a darle la oportunidad de participar a Zapatero en un momento
del debate.
El acto estaba pensado
para ser entre emotivo y sereno, en un intento de agradecimiento a la figura
del ex presidente González y de auto-regocijo por los “logros sociales
alcanzados de la mano del partido”. Tiene bastante pinta de punto de inflexión
en el que, tras perderlo casi todo en las últimas cinco elecciones, el partido
se mira al ombligo e intenta regenerarse de cara al futuro. Lo intenta. Ya
veremos.
Ya he dicho en alguna
ocasión que no llevo bien lo de mezclar la política y los afectos. Pero dicho
esto, tengo que reconocer una cosa. He evitado aplaudir en los momentos en los
que todo el mundo lo hacía, por convicción. Pero sólo ha habido una ocasión en
la que sí lo he hecho, e incluso emocionadamente. Ha sido un gesto bastante
espontáneo, en el que todo el Palacio de Congresos se ha puesto de pie cuando
Rubalcaba ha reconocido, en un comentario que no he logrado retener del todo,
las políticas de igualdad de Rodríguez Zapatero.
Hace unos meses en una
discusión con amigo sobre la denostada imagen del expresidente, él defendía con
mucha convicción la necesidad de reconocer su legado en materia de derechos
civiles, concretamente en el matrimonio igualitario. Como decía, la política y
los sentimientos, tienen que ir muy separados en mi opinión. Pero tengo que
reconocer que esa decisión política en concreto me afecta en lo más privado de
mi personalidad. Por eso he sentido la necesidad de aplaudir, y de reconocer
que gracias a esa decisión esta sociedad es hoy un poco mejor. Por supuesto, no
es un mérito exclusivo de Zapatero, porque detrás está el trabajo del activismo
LGTB. Pero sí hay una gran responsabilidad suya en el hecho de optar por esa
medida y no otra. Podía no haberlo hecho.
La cita era una excusa para
agradecer Felipe González su apuesta por el Estado del Bienestar durante sus
gobiernos. Yo no lo tengo tan claro. Sin embargo, me resulta menos dudoso reconocerle
a Zapatero, aunque no lo haya votado, que su apuesta por la igualdad fue un
gran éxito del que me puedo sentir orgulloso. Y no es de recibo enterrarle en
la indiferencia por sus (muchos) errores cometidos. La democracia funciona así,
supongo.
Me alegra que pudieras asistir al acto en cuestión, yo vi un resumen televisivo y sólo atiné a comentar: hay que recordar lo bueno que hicieron en el pasado porque lo que es en el presente, dejan mucho que desear. Creo que fue un acto puramente propagandístico, una excusa para mejorar la imagen del partido. González, Guerra y compañía en primera fila. Me pareció patético, esos señores orondos y trajeados recordando lo bien que actuaron, echándose flores y olvidando que el país no necesita mirar al pasado sino encarar con determinación el futuro.
ResponderEliminar