Esta mañana se ha
anunciado el fallecimiento de uno de los "padres de la Constitución" ,
Gregorio Peces Barba. Figura además del mundo académico y político, el
histórico jurista socialista fue un firme defensor de los derechos LGTB y apoyó la regulación del matrimonio igualitario. Por este motivo y probablemente sin
más fundamento que el del rumor, fue centro de comentarios sobre su orientación
sexual en la red, que hoy se han vuelto a reactivar con la noticia de su
muerte.
La ausencia a referencias
sobre su vida personal en la mayoría de semblanzas que aparecen en los diarios,
levanta la duda sobre si la identidad de su actual pareja se oculta por
voluntad propia o por ser una persona de su mismo sexo, cuando en ocasiones similares
en que se trata de una relación heterosexual, la viuda de un hombre relevante
sí sería de algún modo visibilizada por los medios.
Pero más allá de la
veracidad discutible de estos rumores, y sin querer contribuir a alimentarlos,
la cuestión nos lleva a una reflexión genérica. En el caso de ser cierta, ¿es
discutible la opción de ‘permanecer en el anonimato’ por parte de la pareja del
mismo sexo de una figura pública?
Por supuesto, el ámbito
privado de una persona no debe ser en ningún momento el hecho más destacable de
su figura, ni debería ser el motivo de su reconocimiento o no. Y también con
rotundidad, la decisión de permanecer en silencio por parte de su pareja, sería
siempre respetable. Pero cabe preguntarse si verdaderamente ésta es una opción
tomada libremente, sobre todo cuando se trata de una pareja de su mismo sexo y
además, con una cierta edad.
Probablemente, el hecho
de que una persona elija renunciar a parte de su identidad como “pareja de-“,
por voluntad propia, es más que cuestionable. Seguramente responde más a una
presión social que viene condicionada por dos elementos: existir relevancia social
y ser homosexual, que es lo denunciable públicamente en este caso.
No se trata tanto de que
la “pareja de-“, pueda acudir o no a los posibles actos protocolarios que se hicieran
para honrar al difunto, sino de la posibilidad simplemente de ser representado,
o nombrado con normalidad en los medios de comunicación.
La necesidad de que
personajes públicos expresen abiertamente su condición LGTB no está en el morbo
por sus asuntos privados, sino en el ejemplo que pueden suponer para favorecer
los derechos de muchas personas. Cuando la sociedad ve que se da por válida
esta opción en representantes de instituciones importantes, es más probable que
se llegue a una situación de normalización real porque también la sociedad lo
da por válido. España ya dio un salto de gigante con el hecho de que el Estado
normalice esta situación con el matrimonio igualitario. Otro paso sería que los
que conforman el propio Estado además, lo ejemplifiquen.
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