miércoles, 25 de julio de 2012

Dret a decidir


Ha pasado. La Generalitat de Cataluña se sumó ayer a la solicitud de rescate autonómico a falta de horas para el pleno monográfico de hoy en el Parlament donde se han concretado las líneas del pacte fiscal. Al mismo tiempo que CiU apuesta por el concierto económico basado en una hacienda propia, el ejecutivo de Mas justifica que el Fondo de Liquidez Autonómico es la única solución que tiene el govern para hacer frente a sus deudas en los próximos meses. Esto mal que le pese a CiU, crea una relación de dependencia con España que le coloca de nuevo en una encrucijada de (más) ambigüedad en torno al soberanismo.

El govern predica por un lado la necesidad de salir –fiscalmente al menos- de España para combatir la crisis. Mientras, se tiene que esforzar en asegurar que lo que ellos consideran una simple ayuda al estilo Rajoy, no irá acompañada de nuevas condiciones porque en materia de recortes, ya se sabe que tienen hechos los deberes.

Pero, ¿cómo pueden demostrarlo? El BOE del sábado 14 de julio lo deja bien claro: 
La Comunidad Autónoma se someterá a los principios de prudencia financiera que se fijen por Resolución de la Secretaría General del Tesoro (...) No podrán realizar operaciones instrumentadas en valores ni operaciones de crédito en el extranjero, salvo previa autorización expresa" (...) si  se considera necesario, [la Comunidad Autónoma] tendrá que "Sujetarse a la supervisión por parte del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de la adopción y ejecución de las medidas previstas en el plan de ajuste”. 

Por mucho que la Generalitat ya esté, por decisión propia, en su 4º o 5º fase de retallades y cuente con un plan propio de cumplimiento de déficit, existe una diferencia formal: ahora seguirá haciendo lo mismo –retallar-, pero bajo vigilancia. Y esto es una pérdida de soberanía en un plano teórico, se mire por donde se mire.

Además, como ejemplo tenemos el antecedente del gobierno central, quien dijo que no habría condiciones macroeconómicas para recibir su “línea de crédito” europea de 100.000 millones de euros, y sólo unas semanas más tarde, tuvo que aprobar una subida del IVA, eliminó la paga extra de Navidad a los empleados públicos y redujo el subsidio por desempleo.

¿Con qué credibilidad cuenta Artur Mas para insistir en que no pasará lo mismo en su govern? Ya anoche en alguna prensa internacional, lo ponían en cuestión. Situando la mirada lejos de los fanatismos de la derecha mediática de Madrid, para el nacionalismo catalán es un error obviar lo que supone este rescate. La escasa trascendencia que algunos medios catalanes, públicos y privados están dando al asunto siguiendo la línea de la Generalitat, encamina al mismo error en el que cae CiU: confundir a los catalanes.

Los argumentos económicos como excusa para desligarse de la crisis son cuestionables, como explica Xavier Vidal en su columna. Además, aunque se llegue al consenso de que el déficit fiscal de Cataluña se debe solucionar, no es lícito confundir una cuestión sentimental –el dret a decidir, el som nació-, con el elemento cívico: la soberanía, que consiste básicamente en poder tomar decisiones libremente, sin vigilancia. Ceder en lo segundo por lo primero es, a todas luces un engaño, porque lo que hace verdaderamente autónomos a los catalanes es poder tomar decisiones en su Parlament sin que nadie las condicione, como dice el decreto del BOE al que se acogen. Se está mucho más cerca de la independencia con instituciones propias y libres que con cualquier otra cosa.

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