lunes, 22 de octubre de 2012

La dichosa reflexión


Tras el nuevo batacazo del PSOE en las elecciones gallegas y vascas, algunos dirigentes se retuercen en la silla del partido, como si les molestara de incomodidad en la espalda y los riñones. Es obvio, viendo la deriva que lleva desde que empezó el ciclo de pérdidas en las municipales de 2011.

José Bono achaca la tragedia al hecho de ‘desdibujarse’ por haberse aliado con nacionalistas o comunistas. Por otro lado va el secretario general del PSPV en Alicante, quien por ejemplo pide la re-conexión del partido con los ciudadanos. Sobre todo a nivel local, con un trabajo de fondo que busque paliar la distancia que marcaron, -entiendo-, cosas como la reforma express de la Constitución y otras decisiones que afectaron a mucha gente.

La comisión permanente de la ejecutiva, en su papel hermético, cierra filas en torno a Rubalcaba, y dice pretender acelerar los cambios ya previstos (su idea de modelo de Estado: el federalismo, y una hoja de ruta de alternativa económica), pero sin pensar mover ni un sólo nombre de su mesa. Es decir, cambiarlo todo para que nada cambie.

Y luego están las declaraciones de José Antonio Griñán, presidente del partido y de la Junta de Andalucía (único centro de poder grande que le queda) quien piensa que “PSOE y PNV tienen mucho que decir conjuantamente” en Euskadi.

Más allá de la reflexión que se esconde, en la que está la idea de mantenerse en el poder de alguna forma, está en evidencia las pocas ganas de refundación del partido por sus malos resultados. Y eso que Griñán es de los ‘avanzados’ en este sentido. Porque junto con esas declaraciones, el presidente de la Junta también opina que “conviene mantener alejado a la formación Bildu de las decisiones más trascendentales que puedan tomarse en País Vasco”. 

Y esto es un tic que demuestra una arrogancia imposible de encajar en los valores de una supuesta voluntad de regeneración de la izquierda. Griñán puede tener todos los indicios del mundo que quiera para pensar que a Bildu le falte trayectoria democrática, incluso aunque esté avalado legalmente por el Tribunal Constitucional. Pero lo que no puede es pretender alejar a ningún partido de las “decisiones trascendentales” de su territorio, cuando le han votado 60.000 personas más que al suyo. ¿No será que lo que le molesta es eso? ¿Es que esos votos no tienen legitimidad para el presidente? ¿Es que los 21 escaños de Bildu no se han elegido tan democráticamente como los del PSE? ¿Por qué no pueden servir para tomar “decisiones trascendentales”? Evidentemente Griñán puede dudar y cuestionar de la capacidad de Bildu para muchas cosas, pero pretender que no gobierne a toda costa, porque sí, no puede ser válido en democracia. ¿qué habría pasado si eso lo hubiera dicho Mintegui?

Más allá de posicionamientos sobre modelos territoriales o económicos, con esa actitud es muy difícil que el partido pueda recuperar la salida de tanta gente que sí cree en la democracia de verdad y que demanda cada vez más, tal y como estamos viendo, un avance en diálogo y participación y no un retroceso, representado por esas declaraciones.

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