En un desayuno
informativo, esta mañana José Antonio Griñán ha dicho que él es pactista por naturaleza. El presidente andaluz y del PSOE viene a decir que el partido no tiene un
problema de ideas, y que su papel tiene que ir encaminado a protagonizar grandes
pactos sobre los problemas actuales.
Ante los recientes
descalabros del PSOE y la incertidumbre que sembró su ambigüedad a la hora de
cuestionar el liderazgo de Rubalcaba, el protagonismo de Griñán está sirviéndole
de escaparate para ofrecer una serie de mensajes, a modo de ‘rumbo a seguir’
para el partido, pero sin interferir mucho (pactadamente hasta las elecciones
catalanas) en el trabajo del secretario general, Rubalcaba.
La cuestión es que estos
mensajes, envían una imagen de desconcierto también desde la posible vía crítica
o alternativa que él pueda representar. A parte de que, como ya hemos visto, su
liderazgo competidor dentro del PSOE, le viene por el hecho de no tener oposición
en Andalucía, y no por demostrar una gestión excesivamente brillante.
El gran error que lleva a
este citado desconcierto, es en primer lugar, no reconocer los fallos propios. Decir
que el PSOE no tiene problemas de ideas, cuando ha tenido que cambiar su
postura sobre qué hacer con los desahucios sólo 10 meses después de que,
estando en el Gobierno y pudiendo haber tomado alguna medida, no lo hiciera, ya
es un problema de ideas en sí.
Además, pretender volver
a estar presente en las decisiones políticas a base de pactos, y acuerdos
cerrados (con el PP, se entiende) arroja un déficit de cultura democrática que
no casa con la supuesta regeneración que pretende plantear. Los pactos pueden
servir en momentos puntuales pero, ¿no será más lógico pretender solucionar los
problemas entre todos (los partidos, ciudadanos, etc) antes que entre el PSOE y
el PP como da a entender Griñán? ¿Pactos de salón sobre el modelo territorial?
¿No habría que consultar a la gente? ¿No será más útil para un partido que
pretende liderar la izquierda defender de verdad el Estado del Bienestar antes
que intentar pactar con la derecha sobre algo en lo que ella no cree? ¿A qué
acuerdo sobre el modelo territorial y la intención de cambiar la Constitución van a
llegar con un partido (el PP) que nunca ha creído en el Estado de las Autonomías?
Por la vía del pacto con
la derecha, al PSOE (y a los derechos sociales sobre todo) no le ha ido muy
bien. Entonces, ¿a qué clase de suicidio juega?
Cuando un partido
socialdemócrata con responsabilidad reciente de gobierno, permite que sea un
partido de derechas el que llegue a adoptar medidas ‘sociales/populares’ como
la de los desahucios o la Ley
de Transparencia, no es que tenga un problema de ideas, es que tiene un problemón.
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