Con estas palabras excusaba
el ministro Luís de Guindos al rescate bancario de 100.000 millones de euros
que pidió el Estado a Europa. No habrá, -decía-, indicaciones macroeconómicas a
cambio de esta "línea de crédito". Esto sucedía pocas semanas antes de subir (más)
el IVA, dejar a los funcionarios sin paga de navidad y reducir las prestaciones
por desempleo. Y el caso es que después de cruces de declaraciones y "debates
nominalistas" varios, se conseguía dejar claro de una vez que los millones prestados
sí repercutirán en deuda para el Estado, ya que es éste quien los gestionará
para tapar los agujeros financieros del país.
De aquellos barros, estos
lodos. Una vez asumido esto, toda la estrategia del Gobierno se ha basado en
poner en pie la idea de que el aumento de deuda estatal no iba a repercutir en
sus cuentas y por lo tanto, no existían las famosas condiciones. Y lo ha
conseguido: la deuda va a repercutir en las Comunidades Autónomas y las
condiciones por tanto, las asumen éstas.
La reunión del Consejo dePolítica Fiscal y Financiera de ayer traía sorpresa. Además de los objetivos de
cumplimiento (obligado) del déficit para las administraciones públicas, ahora
también se exige un límite igualitario en el nivel de deuda según el PIB. Gracias
al rescate, el Estado ha sobrepasado en seis meses el nivel de deuda que tenía
previsto para todo el año. Así, Montoro ha tenido que volver a idear otromecanismo de los suyos, con el que repartir ese esfuerzo de contención añadido
en las Comunidades Autónomas. Y aquí es donde está la trampa.
Esto lo hace aún habiendo
conseguido relajar el objetivo del déficit para el Estado y sabiendo también que,
curiosamente, son las comunidades las que gestionan el Estado del Bienestar. El
complicado cálculo del porcentaje que cada territorio puede endeudarse, es además
ilógico. Se hace por igual para todos, sin tener en cuenta que algunas comunidades
llevaban hasta mayo (cuando se fijó el último límite) un nivel de endeudamiento
de más del 20% de su PIB, mientras que otras, como Andalucía, estaban por
debajo de la media.
Es ilógico porque el
resultado es que algunas tienen que reducir ahora sus presupuestos,
inevitablemente en Sanidad y Educación. Y a Andalucía por ejemplo, se le exigen
unos 2700 millones de euros (más de los que ya ha recortado) para este año, lo
que según la Junta
supondría cerrar todos los hospitales públicos o la mitad de los colegios. La
situación vuelve a distorsionar el sentido de los debates políticos.
El PP lleva detrás de
todas estas estrategias la revisión del modelo de Estado, como ya hemos visto,
de forma unilateral. Mientras hace impracticable el funcionamiento de los
servicios públicos a los que siempre ha cuestionado, puede levantar humo con la
confrontación partidista y aburrida de siempre. Al mismo tiempo, excusa la
eliminación de estos servicios en la idea de que no hay otra alternativa y por
lo tanto el no hacerlo lo vende como una deslealtad institucional o como un
ridículo europeo.
Por su parte, el PSOE que
actualmente tiene como voz de protesta a la propia Junta de Andalucía más que
al partido en sí, se echa las manos a la cabeza. Griñán es capaz de reconocer
las orejas al lobo, y sabe que esta medida injusta, lleva detrás el
desmantelamiento del Estado del Bienestar, más que un revuelco partidista (que
también). Su alboroto de esta mañana refleja un conocimiento a la altura de la
situación, sin entrar en territorialidades ni sentimentalismos. Esto le
confiere la altura de miras que tiene como ventaja política. Pero su partido
tiene detrás al pacto para la ‘reforma exprés’ de la Constitución que
incluía hacer de estas mismas estrategias de contención de déficit al dogma
absoluto en la carta magna. Y ahora no puede desligarse de ello por mucho que
quiera.
En medio de la trifulca, la
cuestión es que las condiciones favorables del rescate se ven más cerca sin que
la gente lo sepa, bajo el mantra de una riña de partidos como otra cualquiera.
No sabemos cómo va a salir de ésta la
Junta , porque está claro que los andaluces no tienen por qué
pagar las condiciones del rescate, pero las medidas adoptadas ayer son de
obligado cumplimiento. El reto institucional que tiene en sus manos es
impresionante. Y por desgracia, cabe esperar que más impresionante será el
precio a pagar por los de siempre.
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