Agosto coloca como de costumbre
el punto extravagante en la agenda de los medios. Si ya de por sí ésta atiende
normalmente a criterios de cuestionable interés público, con la llegada del mes
baldío se desata la imaginación de editores y directores de contenidos. Al ya
clásico calor que nos enfunda cada verano en “el más caluroso de los últimos [inserte
número aquí] años”, este mes
tenemos además una buena dosis de propaganda (des)cubierta.
Desde luego, el ejecutivo
de Rajoy ha tenido uno de sus pocos aciertos en estrategia de comunicación,
aunque el mérito no sea del todo suyo. Aún estando de vacaciones, sus acciones
de gobierno siguen dejando huellas de las que poco se está hablando. Que se lo
pregunten a inmigrantes y parados.
Esta semana, tenemos otro tema con el que abrir informativos. Las acciones del SAT en dos supermercados
andaluces copan la mirada de los medios entrando en el juego de quienes han
ideado la estrategia y sobre todo, de quien les responde: el propio gobierno. Ambas
partes han actuado con la desmesura que invita a las situaciones y
declaraciones surrealistas que se están viendo estos días y que al final,
colocan el foco en lo menos importante.
La estrategia de Sánchez
Gordillo no pasa del marketing de guerrilla que pretendía escenificar. Con la
excepción del excesivo mal rato que pasaron –según las imágenes- algunas trabajadoras
del supermercado donde sucedieron y que nunca se debieron producir porque nunca
está justificado ese trato. Sobre todo porque seguramente la acción podía
haberse resuelto de otra forma menos agresiva, como se demostró en el otro
establecimiento.
En este sentido, el análisisque hace el propio Gordillo de que la acción ha puesto el debate sobre la
pobreza en Andalucía encima de la mesa es erróneo. Las formas, han conseguido
tapar al fondo legítimo del hecho. Y esto es en parte, también responsabilidad
suya.
Del otro lado está la
escenificación del tema como ‘asunto de Estado’, por parte de los ministros de
Interior y Justicia. Lo que sucedió en uno de los establecimientos fue un hurto
(porque en el otro se supone que hubo un acuerdo). Ni asalto, ni atraco, ni
literatura fantástica. Es un hurto que, en cualquier caso, no pasaría de los
400 euros de multa y que en ningún momento más que en éste, provocaría la orden
de detención pública (medios convocados mediante) de nadie. Y de ciertas
reacciones políticas, mejor ni hablamos.
Lo que sí pone de
manifiesto este hecho es lo estruendoso que supone que se persiga esta
canallada veraniega mientras se cierran las unidades de investigación fiscal en
Baleares, por ejemplo, o se deja impunes a decenas de ladrones de guante blanco
que pululan por este país.
Pero insistiendo, no se
habla de la renta básica, una de las reivindicaciones del SAT, ni de la
posibilidad de regular la industria agroalimentaria para evitar especulaciones injustas
mientras cada vez más gente pasa hambre, ni del modelo de consumo, ni de todas
las cosas que se pretendían poner sobre la mesa. Lo único que hay es una
generosa campaña de distracción beneficiosa para el PP en el gobierno, consiguiendo
criminalizar reivindicaciones necesarias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario