jueves, 9 de agosto de 2012

Agosto y la oportunidad


Agosto coloca como de costumbre el punto extravagante en la agenda de los medios. Si ya de por sí ésta atiende normalmente a criterios de cuestionable interés público, con la llegada del mes baldío se desata la imaginación de editores y directores de contenidos. Al ya clásico calor que nos enfunda cada verano en “el más caluroso de los últimos [inserte número aquí] años”, este mes tenemos además una buena dosis de propaganda (des)cubierta.

Desde luego, el ejecutivo de Rajoy ha tenido uno de sus pocos aciertos en estrategia de comunicación, aunque el mérito no sea del todo suyo. Aún estando de vacaciones, sus acciones de gobierno siguen dejando huellas de las que poco se está hablando. Que se lo pregunten a inmigrantes y parados.

Esta semana, tenemos otro tema con el que abrir informativos. Las acciones del SAT en dos supermercados andaluces copan la mirada de los medios entrando en el juego de quienes han ideado la estrategia y sobre todo, de quien les responde: el propio gobierno. Ambas partes han actuado con la desmesura que invita a las situaciones y declaraciones surrealistas que se están viendo estos días y que al final, colocan el foco en lo menos importante.

La estrategia de Sánchez Gordillo no pasa del marketing de guerrilla que pretendía escenificar. Con la excepción del excesivo mal rato que pasaron –según las imágenes- algunas trabajadoras del supermercado donde sucedieron y que nunca se debieron producir porque nunca está justificado ese trato. Sobre todo porque seguramente la acción podía haberse resuelto de otra forma menos agresiva, como se demostró en el otro establecimiento.

En este sentido, el análisisque hace el propio Gordillo de que la acción ha puesto el debate sobre la pobreza en Andalucía encima de la mesa es erróneo. Las formas, han conseguido tapar al fondo legítimo del hecho. Y esto es en parte, también responsabilidad suya.

Del otro lado está la escenificación del tema como ‘asunto de Estado’, por parte de los ministros de Interior y Justicia. Lo que sucedió en uno de los establecimientos fue un hurto (porque en el otro se supone que hubo un acuerdo). Ni asalto, ni atraco, ni literatura fantástica. Es un hurto que, en cualquier caso, no pasaría de los 400 euros de multa y que en ningún momento más que en éste, provocaría la orden de detención pública (medios convocados mediante) de nadie. Y de ciertas reacciones políticas, mejor ni hablamos.

Lo que sí pone de manifiesto este hecho es lo estruendoso que supone que se persiga esta canallada veraniega mientras se cierran las unidades de investigación fiscal en Baleares, por ejemplo, o se deja impunes a decenas de ladrones de guante blanco que pululan por este país.

Pero insistiendo, no se habla de la renta básica, una de las reivindicaciones del SAT, ni de la posibilidad de regular la industria agroalimentaria para evitar especulaciones injustas mientras cada vez más gente pasa hambre, ni del modelo de consumo, ni de todas las cosas que se pretendían poner sobre la mesa. Lo único que hay es una generosa campaña de distracción beneficiosa para el PP en el gobierno, consiguiendo criminalizar reivindicaciones necesarias.

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