jueves, 28 de febrero de 2013

El 28 de Febrero


Todos los años cuando llega esta fecha surge el mismo debate sobre la autonomía de Andalucía. A favor o en contra, en las discusiones se mezclan críticas al nacionalismo por conservador, la racionalidad del estado centralista o la necesidad o no de un partido que defienda los intereses de los andaluces únicamente. El debate este año parece estar más en auge con motivo de la movilización a la que están llamando el gobierno andaluz de PSOE e IU y una gran cantidad de plataformas sociales para hoy.



Más allá de las soflamas partidistas, la necesidad de reivindicar la autonomía es un hecho para todo el que esté a favor de ella, ya que la actividad legisladora del gobierno central del Partido Popular va en el camino de la recentralización de las competencias. Esto no es una interpretación, es un hecho constatable. La cuestión, no obstante, se centra en si el gobierno andaluz como tal, en su comunicación oficial, está legitimado para salir a la calle y reducir los actos del Día de Andalucía en otro posicionamiento más contra Rajoy. La Junta de Andalucía representa a todos los andaluces, incluidos los votantes del PP. Como institución, en actos oficiales, quizá debería mantenerse al margen de la confrontación. Pero eso no quita que los miembros del gobierno andaluz no puedan acudir a las manifestaciones como diputados de sus partidos que son, ya que los partidos sí pueden participar si creen que tienen motivos para hacerlo. Y los dos que sostienen a la Junta así lo han decidido. Pero es importante que separen ambas cosas y se dejen claras las intenciones.

Desde esta tribuna se ha defendido en varias ocasiones la autonomía política de Andalucía como garantía de derechos sociales. Y realmente en el contexto actual, recortar en autonomía es recortar en los mismos. El Estado autonómico le ha proporcionado a los andaluces la posibilidad de legislar según sus necesidades, que aún hoy después de 30 años, son diferentes a las de otros territorios del estado, por desgracia. Esto ha permitido que hoy el mismo máster público valga en primera matrícula 1800 euros en Andalucía y 3900 euros en Madrid. Una desigualdad necesaria cuando en Andalucía los salarios son de media unos 6.000 euros anuales más bajos que en la capital. 

Por eso, es peligroso ir hacia atrás en el reparto de competencias sociales. Obviamente el federalismo autonómico se puede mejorar y hacer más eficiente, pero la recentralización podría hacer que con el mismo rasero de medir los andaluces salieran más perjudicados. Está claro que seguir a la cola en muchos indicadores no deja de ser nuestra responsabilidad, pero eso no justifica que la autonomía no sirva para nada, porque nada hace pensar que con un gobierno central único Andalucía hubiera resuelto su problema estructural de paro, por ejemplo.

Lo importante es que la reivindicación de este 28F se centre en eso, y no en cuatro titulares en contra del Gobierno de Rajoy que, al fin y al cabo, ya tiene bastantes frentes por sí mismo, incluso dentro de su propio partido. El manifiesto en el que se sustenta la manifestación sí lo nombra directamente. Ahora sólo falta ver cómo se posiciona la Junta.

jueves, 31 de enero de 2013

¿Libertad para elegir?

Fuente: www.elcorreoweb.es
Los centros concertados andaluces de educación diferenciada entregaron ayer a la Junta las solicitudes para renovar el concierto público del curso que viene. A ello le acompañaron 40.000 firmas de apoyo tras la decisión de la Consejería de Educación, que había anunciado semanas atrás que no lo renovaría, acogiéndose a las últimas sentencias emitidas por el Tribunal Supremo. Estas le permiten a la Junta no hacerlo por entender que no se puede amparar con fondos públicos la discriminación sexista en la educación. Por ello, los 11 centros que se ven afectados emprendieron una campaña de recogida de firmas, alegando la "libertad de decidir" de los padres y esperando a que se apruebe cuanto antes la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) que prepara el Gobierno Central y que previsiblemente blindará a este tipo de centros, por lo que finalmente sí que tendrían derecho a concierto público.

En medio de esta guerra de resoluciones judiciales y administrativas lo que subyace es el debate de si se debe financiar con dinero del contribuyente un modelo educativo que no contempla algunos de los grandes principios básicos, no ya en el consenso constitucional, si no también del funcionamiento habitual de la vida pública y social como son la igualdad de oportunidades y de género.

Los defensores de la educación diferenciada nunca dejan de repetir las ventajas académicas que ofrece el aprendizaje por separado, justificándose con informes, estudios y éxitos de resultados en otros países. La cuestión está en que hacen una lectura reduccionista del sistema educativo, eliminando el componente socializador que tiene. 

En la escuela, los niños no sólo adquieren conocimientos, si no que aprenden a desenvolverse en la vida pública y a convivir en sociedad. Por eso, pensar que es mejor que ganen en rendimiento académico para perder en convivencia supone en el mejor de los casos minusvalorar el fundamento de igualdad al creer que esa parcela de la educación se puede recibir en casa, o en el peor de ellos, que directamente no se entiende como algo necesario.

En el primero de los casos se incurre en un error de partida, que es pensar que en todas las casas a los niños se les va a educar en igualdad. En muchas puede que sí, y a lo mejor sí pueden permitirse eliminar ese aprendizaje de las horas lectivas en la escuela. Pero por desgracia en muchas de ellas, incluso se podría decir que en la mayoría, los padres no se molestan en educar a sus hijos en igualdad, por diferentes motivos sociales, culturales y económicos. Por eso la educación pública tiene que ofrecer un modelo capaz de garantizar ese aprendizaje a los que en casa no lo puedan tener. 

El fundamento más básico de lo público es ofrecer un servicio a todos por igual para que los que no lo puedan tener por sí mismos lo disfruten, con independencia de su condición social, cultural o económica. En el caso de que ese servicio esté garantizado y no sea necesaria su intervención, el Estado sí se podrá permitir amparar con dinero público otros modelos diferentes, y entonces tener la oportunidad de elegir. Pero esa situación está muy lejos de producirse a la vista del alto índice de violencia machista de este país, de la alta diferencia de salarios entre hombres y mujeres y de otros indicadores similares. Esto no quiere decir que el modelo que proponen no tenga cabida, pero sí que no se puede financiar con dinero público mientras sea tan necesario el amparo y el apoyo del modelo igualitario. Precisamente en momentos en los que cada céntimo de gasto tiene que ser revisado, se debería primar la opción más necesitada. Y precisamente la educación pública, por el número y el tipo de personas a los que atiende, necesita de más recursos que la concertada.

Luego está el segundo de los casos en defensa del modelo diferenciador, el que no entiende la necesidad de igualdad en la educación directamente. Este está yendo en contra de lo que la Ley, hecha con el consenso de la mayoría política entiende que debe ser la educación pública. Y en este entendimiento, actualmente se incluye el valor de la igualdad, tanto en la LOE estatal, como en la LEA, andaluza. Por lo tanto, hasta que la ley cambie (cosa que van a conseguir en breve), ¿No es un despropósito que no se cumpla la Ley, ratificada por sentencias del Tribunal Supremo y se subvencione un modelo que no se ajusta a ella?

Por desgracia la decisión de la Junta ha llegado bastante tarde, porque todo apunta a que finalmente los contribuyentes seguirán teniendo que sufragar, mientras se recorta en otros servicios sociales, colegios donde se fomenta el sexismo. Aunque también es verdad que lo ha intentado otras veces y no ha sido hasta que ha tenido el apoyo jurídico que lo ha podido hacer. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Lugares comunes


Fuente: oroD
En toda buena conversación media entre españoles medios existe un basto terreno de tópicos y creencias aceptadas por (casi) todo el mundo que permite a dos personas que no se conocen, en un ambiente relajado –normalmente el bar-, arreglar las desdichas del mundo en un santiamén.

Son los famosos ‘lugares comunes’, cada vez más presentes en la comunicación política e institucional y que se trasladan o retroalimentan con los que usa la gente de la calle. Utilizados, por ejemplo, por el Rey en sus mensajes navideños, generan una falsa apariencia de neutralidad y de “sentido común” –gancho fácil que utiliza Rajoy para calificar sus medidas- que funciona muy bien. En publicidad son el pan nuestro de cada día y el famoso anuncio de ‘El currículum de todos’ es el ejemplo estrella.

En el fondo, este tipo de discurso de consenso, supuestamente apolítico y anti-todo vela una ideología conservadora que consigue integrarse en la comodidad de la clase media sin que se dé cuenta, lo que provoca esa sensación rara de que todo el mundo está en contra del gobierno de turno que acaba de arrasar en las últimas elecciones.

La famosa ley del silencio –el miedo a opinar en público lo contrario a la mayoría por ser aislado- es la gran generadora de estos lugares que, con situaciones de agenda informativa tan llamativa como las que tenemos últimamente: crisis, ‘política’ y corrupción, disparan el número de conversaciones tabernarias. Véanse:

“Son todos unos chorizos”

Es el lema de moda en semanas como las dos últimas, cuando los escándalos de corrupción salpican de mierda a los grandes partidos. Cuando se habla de corrupción, el lugar común está en meter a todos los partidos –para que nadie se enfade- y en autoexcluirse a sí mismo y al interlocutor como personas 100% honradas. Los políticos. Nada más. Ni empresarios, ni pequeños defraudadores, ni la economía sumergida, ni esa cita con el cardiólogo que tuvo tu abuela la semana pasada sin esperar porque tu cuñada es enfermera en la planta de cardiología del hospital.

Por supuesto que no es comparable ser el tesorero del partido en el gobierno y esconder 22 millones de euros en Suiza de procedencia dudosa con tener un enchufillo en la planta de cardiología del hospital, claro que no. Pero no se puede desligar el grado de corrupción de la clase política respecto de la sociedad en sí mismo. Cuando hay un nivel tan alto y tan visible de corrupción como en estos momentos, es porque de alguna manera existe cierta tolerancia en la sociedad. Si todos aceptamos que nuestro amigo pequeño empresario con una casa y un coche más que nosotros, declare a Hacienda la mitad de lo que gana para que a su hijo le den beca, probablemente será más fácil que aceptemos que un partido reciba donaciones de una empresa para que cuando gobierne le haga contratos favorables. 

A la vista está. Sabiéndose esto, actualmente hay grupos parlamentarios con gran parte de sus diputados imputados en casos de corrupción que han sido elegidos con mayorías absolutas. Y alcaldes. Y presidentes. Pero es mucho más fácil trasladar la responsabilidad a ‘los otros’ que aplicársela a uno mismo en las acciones cotidianas. Y además, te hace quedar bien en el bar porque has metido en el saco también a tu partido.

“No se ponen de acuerdo, que pacten”

El relato del gran pacto, o la “alta política” como también citó el Rey en su discurso navideño nos viene de la transición. No hace falta desmitificar otra vez el cuento maravilloso que nos han trasladado siempre sobre el consenso y lo de que “ambas partes cedieron”. Porque, ¿de verdad un pacto cocinado en despachos arregla problemas tan graves como el paro, que a pesar de afectar a casi 6 millones de personas no incide en todo el mundo por igual? ¿Cómo va a participar en el pacto un partido que legítimamente tiene puestos sus intereses y representa a gente a la que no le afecta el problema? ¿Alguien se lo cree? Que la solución sea urgente no significa que un acuerdo, cualquiera, lo pueda arreglar. 

Esto además, tiene otro cariz. El “siempre se están peleando” viene a dar a entender de alguna forma que nos da pereza que se ofrezcan cosas distintas y tengamos que realizar el enorme esfuerzo de entender todas las opciones y elegir. Preferimos que ofrezcan una opción pactada. Es otra manera de desviar la responsabilidad política que tenemos a la hora de votar.  Pero ¿acaso no se trata de tener que elegir en democracia?

“No hay justicia en este país”

Este es uno de los más extendidos. Casi todo el mundo está descontento con la justicia y en realidad, hay cierta razón en que es excesivamente lenta y burocratizada, a parte de que obviamente, los jueces también se equivocan. Pero lo que provoca que se busque el entendimiento bajo este lugar común en conversaciones controvertidas es el desconocimiento y el papel tan importante que tiene la prensa rosa y de sucesos en este país. 

Desinformando, los casos más escabrosos de sucesos –últimamente casi siempre relacionados con niños, lo que ‘duele’ a todo el mundo-, pululan por programas de televisión machaconamente. Sin más misión que el revolvimiento de los estómagos y la afloración de sentimentalismos, nunca hay espacio para reflexionar con razonamientos argumentados, lo que da lugar a situaciones grotescas como manifestaciones contra algunas de las condenas más fuertes vistas de los últimos  años o el aumento de la connivencia con la cadena perpetua o incluso la pena de muerte. Una regresión absoluta amparada en una falsa sensación de desprotección que contrasta con datos objetivos: uno de los códigos penales más duros de Europa.

“Es que con la crisis… a ver si pasa ya”

La crisis como maldición satánica que ha caído del cielo es un argumento-excusa estupendo para hacer o dejar de hacer cosas, y pensar de una manera y la contraria a la vez. Une a todos porque parece que afecta a todos. Sirve para lamentarse tanto del conocido que se ha quedado en paro como del empresario que “se ha visto obligado” a despedir por culpa de ella. Es el cáncer compartido, acompañado del famoso pildorazo que se ha conseguido introducir en nuestros sentimientos de culpa: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. 

Tampoco hace falta explicar que ni afecta a todos por igual, ni ha venido del cielo. Tiene responsables, algunos en más medida que otros. Como todo. Pero es curioso que para esto sí hayamos repartido nuestro poquito de responsabilidad a cada uno y para el tema de la corrupción no. Será porque estos platos sí los estamos pagando entre todos (con recortes aceptados porque, claro, la crisis) y los otros no, ya que no conviene tanto (lo de la tía y el enchufe en el hospital, ya saben).


"Antes, todo era mejor"

Para terminar, es la mejor fórmula antes de pagar la cerveza. Después de haberlo arreglado todo, apelar al pasado, sea cual sea, en el ámbito que sea, siempre permite encontrar algo en común con el interlocutor en el caso de que haya habido algún mínimo desencuentro. Quizá sea porque la población es cada vez más mayor, con una tasa baja de natalidad, lo que hace que la media de edad del conversador tabernero vaya aumentando y por lo tanto la posibilidad de que haya más un “antes” que fuese “mejor”, es mayor. En realidad, es una percepción que tienen todas las generaciones obviamente vinculada a la experiencia personal, que suele ser más agradable cuando se es joven por razones físicas y menos cuando se es mayor por las mismas. Además, el trasfondo de país católico con las mayores cuotas de influencia de la religión en las edades más altas, hace que la idea de supuesta degradación moral sea factible en una sociedad cada vez menos ligada a la Iglesia.

Estos son sólo algunos, pero lugares comunes hay muchísimos y de cualquier tipo. Éstos están vinculados de alguna forma a la situación más actual y pueden ser escuchados con más frecuencia ahora. Pero en realidad, los estructurales son mucho más comunes y difíciles de identificar precisamente por estar instalados en las creencias de todos: la idea de nación (ya sea española, catalana, eslovena, bielorrusa o la que sea) o el mito del progreso infinito (aunque este igual sí se deshace).

domingo, 20 de enero de 2013

GENERAS CONTENIDOS O K ASE


En el enésimo intento de adentrarme en el mundo social media, community management y demás lindeces me maté yo.

Estoy más que harto, y no pienso seguir soportándolo.

Tras casi una hora leyendo un manual sobre herramientas para ser community manager, atormentado por cienes de cacharros que sirven en definitiva para controlar, y orientar comunicación al servicio de un interés en las redes sociales, llega el momento de pararme y pensar: “pero si yo sólo quiero ser periodista, cojones”.

Llega ese momento y en realidad, parece que sólo puedo lamentarme porque por mucho que quiera ser, el social media resulta que es la única forma de tener acceso a algo parecido a un trabajo. Con suerte, y mucha, mal pagado.

Pues oye, estupendo. Como resulta que entre todos matamos al periodismo y él solito se suicidó un poco, ahora esto es lo único que hay. Comunicación. Mucha comunicación por Internet, mucho dinamismo, mucho emprendimiento, mucho crear identidades corporativas, branding o no-sé-qué, mucho posicionamiento, mucho generar contenido -es mi eufemismo favorito para lo que toda la vida ha sido vender motos como camiones, gripadas incluso-.

¿Generar contenido? ¿Contenido de qué? ¿Para qué necesita una empresa que le generen contenido si no es para su beneficio propio, ya sea persuadiendo de algo, lavándose la imagen o vendiendo más bragas el siguiente mes? Y no digo que eso sea malo. Pero ¿No es publicidad de toda la vida?

Hace poco un amigo me decía que a él le cuesta más trabajo escribir (véase generar contenido) cuando es una obligación. Y a mi me pasa al revés. Me cuesta menos escribir cuando tengo que hacerlo por un motivo. Cuando tengo que explicar algo, dar datos para entender algo que ha pasado, y cuando hay una necesidad a priori de que eso sea contado.

Me cuesta horrores tener un blog porque yo solo, en mi casa, soy incapaz de ‘generar contenido’, sin obligación previa, de inventarme una necesidad comunicativa. Estoy mucho más preparado para informar de un contenido que ya está generado, como una necesidad pública de verificación, de comprobación. Me parece que ahí está la diferencia entre informar y generar contenido. En una, la necesidad es real y está antes. En la segunda, la necesidad va incluida en el contenido, es el contenido de hecho, y hay que generarlo aderezado con creatividad. Por eso me cuesta más hacerlo sin obligación. Porque creo que como periodista, estoy formado para informar, no para vender motos, ni gatos por liebres a través de contenidos generados magníficamente. Se supone.

Por supuesto todo esto va a parte de la creación artística, (literatura, que esperemos que a eso no le cambien de nombre también).

Y la cuestión es que cuando llego al momento de lamentarme, veo que el error de pensar que esta es nuestra única salida o que es el futuro del periodismo, lo que pasa es que estamos confundiendo términos.

Porque la comunicación es una cosa y el periodismo es otra. El problema es que nos quieren hacer ver que nuestro futuro como periodista está en comunicar a través del social media. Y si son cosas distintas, ¿Por qué lo tenemos que hacer nosotros? Podrá ser el futuro de la publicidad, o de quien sea. Pero no el nuestro. Podrá ser mi obligación temporal para sobrevivir. Pero por Dios, si yo lo único que quiero es ser periodista.

Las redes sociales no son periodismo, no informan. Avisan, ponen en común, acercan ideas, personas, hechos que han pasado. Pero no informan. Informar es otra cosa. Se trata de dar claves además de transmitir hechos, se trata de interpretar, de explicar, de contextualizar para generar una opinión pública que permita vivir en algo parecido a la democracia. Y en 140 caracteres o un muro de facebook no cabe nada que no esté simplificado e intencionado. Es imposible. No es que sea malo o peor, es que es distinto. Una cosa genera opinión pública y la otra genera opinión intencionada/privada/lo que sea. Pero no lo mismo.

Hay una cuña de la Cadena Ser (con perdón por todos los males que se le puedan achacar), que en mi opinión resume bastante bien por dónde va la historia. En este caso en cuanto a información política dice: “ellos hablan, nosotros te contamos lo que dicen”. Pues eso. Que cada palo aguante su vela (que está muy de moda) y que cada uno se dedique a lo suyo, pero que no nos obliguen a creer que este mundillo es el nuestro, porque si lo es, no será como lo que se supone que hemos querido ser (periodistas, se entiende), si no como otra cosa.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Por qué la portada de El Mundo se equivoca



La portada del diario El Mundo de hoy supone uno de los posicionamientos más torpes que se pueden ver en política. En primer lugar, habría que ver hasta qué punto tiene cien por cien validez la información suministrada por “fuentes de Moncloa” sobre su intención de “utilizar el artículo 155 de la Constitución, lo que implicaría intervenir de facto la Comunidad Autónoma de Cataluña”. Es decir, que Moncloa lo piense no es extraño, lo raro es que lo exprese así de abiertamente y también, como el rotativo, de torpemente. Si no era la intención del Gobierno difundir una amenaza así, debería salir a decirlo y desacreditar al periódico (aunque en el fondo lo piense).

Porque, desde luego, si lo que pretende es ‘combatir’ la hoja de ruta de Mas y Junqueras para la consulta, lo único que puede conseguir Rajoy con esto es un efecto rebote con un apoyo más amplio al pacto de CiU y ERC del que ya tiene. Justo lo contrario de lo que se supone, desea la derecha. Se nota que el grado de confrontación que implica el titular no está correctamente analizado.

Lo primero, porque no se puede levantar la sospecha de ilegitimidad sobre el pacto, o sobre el hecho de que acuerden los dos líderes, a menos de un mes de haber sido elegidos democráticamente de forma mayoritaria. Es un absoluto error. El gobierno puede estar todo lo en contra que quiera del pacto, pero lo primero que puede hacer no es intentar desacreditarlo, sino actuar, convocarles a una reunión, intentar acuerdos, negociar, dialogar. Lo que sea, antes de la táctica estrella de Rajoy: dejar que los problemas se pudran y lanzar amenazas al aire.

Lo segundo, porque además, el periódico y el ejecutivo se equivocan de foco: la autonomía de Cataluña no es algo que le compete a los votantes de CiU y ERC, si no a todos los catalanes. Todos. Incluidos los que votaron al PP o a Ciutadans. La autonomía es lo que le da motivos para existir a Alicia Sánchez Camacho o Albert Rivera, es lo que les permite tener un espacio político donde poder posicionarse en contra de este pacto, si quieren. Pero en cualquier caso es un espacio público conquistado por todos. Por lo tanto, si el Gobierno ‘amenaza’ con quitar la autonomía a  Cataluña, está amenazando a todos. Está ‘castigando’ a mucha más gente de la que pretende. Lo cual, aparte de ser injusto, es desastroso políticamente.

Desde luego, el escenario que plantea El Mundo está lejos de ser realidad. Lo que sí es más probable es que un gobierno que suspenda la autonomía de un territorio no pueda aguantar mucho tiempo más en el poder. Es difícil imaginar que una situación donde Cataluña no tenga autonomía no sea contestada por la comunidad internacional, a parte de por muchísima gente en la calle y por una desacreditación total. A lo mejor es eso lo que buscan.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Jose Luís




Nunca he votado al PSOE. No sé si lo haré en un futuro (si tuviera que hacerlo ahora, tengo claro que no lo haría). En este mismo espacio he sido crítico con el partido, por lo que creo que no soy sospechoso de mentir.

He ido al homenaje de Felipe González en un acto de curiosidad e invitado por una amiga militante, a la que le hacía ilusión verme allí. La experiencia ha sido positiva. Por suerte, no ha resultado un mitin recalcitrante. El formato elegido era una especie de debate donde González y Rubalcaba discutían sobre temas pasados y actuales. En modo ameno, sin mensajes cocinados en los malditos gabinetes de partido hasta la segunda mitad donde sí ha tenido cabida un tono más oficial. Han llegado incluso a darle la oportunidad de participar a Zapatero en un momento del debate.

El acto estaba pensado para ser entre emotivo y sereno, en un intento de agradecimiento a la figura del ex presidente González y de auto-regocijo por los “logros sociales alcanzados de la mano del partido”. Tiene bastante pinta de punto de inflexión en el que, tras perderlo casi todo en las últimas cinco elecciones, el partido se mira al ombligo e intenta regenerarse de cara al futuro. Lo intenta. Ya veremos.

Ya he dicho en alguna ocasión que no llevo bien lo de mezclar la política y los afectos. Pero dicho esto, tengo que reconocer una cosa. He evitado aplaudir en los momentos en los que todo el mundo lo hacía, por convicción. Pero sólo ha habido una ocasión en la que sí lo he hecho, e incluso emocionadamente. Ha sido un gesto bastante espontáneo, en el que todo el Palacio de Congresos se ha puesto de pie cuando Rubalcaba ha reconocido, en un comentario que no he logrado retener del todo, las políticas de igualdad de Rodríguez Zapatero.

Hace unos meses en una discusión con amigo sobre la denostada imagen del expresidente, él defendía con mucha convicción la necesidad de reconocer su legado en materia de derechos civiles, concretamente en el matrimonio igualitario. Como decía, la política y los sentimientos, tienen que ir muy separados en mi opinión. Pero tengo que reconocer que esa decisión política en concreto me afecta en lo más privado de mi personalidad. Por eso he sentido la necesidad de aplaudir, y de reconocer que gracias a esa decisión esta sociedad es hoy un poco mejor. Por supuesto, no es un mérito exclusivo de Zapatero, porque detrás está el trabajo del activismo LGTB. Pero sí hay una gran responsabilidad suya en el hecho de optar por esa medida y no otra. Podía no haberlo hecho.

La cita era una excusa para agradecer Felipe González su apuesta por el Estado del Bienestar durante sus gobiernos. Yo no lo tengo tan claro. Sin embargo, me resulta menos dudoso reconocerle a Zapatero, aunque no lo haya votado, que su apuesta por la igualdad fue un gran éxito del que me puedo sentir orgulloso. Y no es de recibo enterrarle en la indiferencia por sus (muchos) errores cometidos. La democracia funciona así, supongo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Incògnita

Tras el batacazo de Artur Mas en las urnas y los múltiples análisis que se pueden hacer de los resultados de ayer, aún queda una reflexión pendiente con respecto a CiU: el futuro del partido.

Sin entrar en si el soberanismo gana o pierde, muchos se preguntaban anoche cómo afectará el resultado de la apuesta que ha hecho el president Mas a su relación con Unió, por extensión, con Duran i Lleida. También su permanencia como fuerza hegemónica en Catalunya. Porque, si la coalición pretende seguir adelante con el proyecto de Estado propio, como parece ser, y necesitando el soporte de ERC, ¿no preferirán los catalanes en el futuro el discuro más claro que ofrece el académico Junqueras al de Mas? CiU con este imprevisto resultado se coloca en una encrucijada difícil para su supervivencia. Al menos para su supervivencia como fuerza mayoritaria.

Con este batacazo se demuestra que lo que le daba mayorías era la posición conservadora del pactismo con España, el juego histórico a 'la puta i la ramoneta'. Salirse del guión le ha costado bastante caro, porque parece que los catalanes que confían en un futuro independiente prefieren a una formación que lo ha defendido siempre, no como CiU. O por lo menos no prefieren a una sola formación, si no a varias.

Su probable pacto de gobierno con ERC para gobernar va a estar condicionado, como ya ha anunciado Junqueras, a profundizar en el soberanismo, algo que de cara a 2016, puede beneficiar más a ERC que a CiU. Pero el President no sólo va a estar presionado por ese lado, también por el contrario. Para el gobierno del día a día, Mas no va a tener  más remedio que ceder indirectamenrte a los postulados que le proponga el PP desde Madrid, ya que los préstamos del FLA, no se hacen sin condiciones. Es decir, va a tener que seguir recortando, lo que le ha llevado a perder votos en favor de la izquierda. Si Junqueras le pide una agenda más social a CiU para pactar, muy difícilmente la va a poder cumplir con una asfixia financiera tan grande en la Generalitat. Y si le piden más soberanismo y él cede, será Junqueras quien se pueda llevar más el gato al agua en una hipotética Catalunya plenamente independentista.

Por lo tanto, ¿qué cabe esperar del CiU del futuro? Se mueva hacia donde se mueva parece que perderá influencia, porque si vuelve a la moderación como le piden desde Madrid puede defraudar a muchos votantes soberanistas y si avanza en el independentismo, puede regalarle más votos a Junqueras. La cuestión es que en esta encrucijada se ha colocado él solito y tiene pocos puntos a su favor.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Cosas de la política


La comisión de investigación sobre el caso de los ERE en el Parlamento de Andalucía se cerró ayer sin un acuerdo entre los partidos para señalar responsabilidades, más que en los cargos de mínimo nivel. La falta de acuerdo entre los tres grupos de la cámara pone aún más en evidencia la poca destreza política que viene acusando a Andalucía en concreto y el Estado en general. Las decisiones de este tipo son las que alimentan los fenómenos tipo ‘rodea el Congreso’ o ‘rodea el Parlamento’ que cuestionan la legitimidad de la soberanía que se supone regentan estas instituciones. El desapego hacia la política no puede hacer más que crecer después de situaciones como ésta.

La lectura que hacen cada uno de los tres partidos es obviamente, auto-exculpatoria, pero la cuestión es que cada uno se lleva su parte de responsabilidad en el fracaso. 

El Partido Popular andaluz no puede haber manoseado de peor manera el legítimo derecho de conocer la verdad de lo que pasó en el reparto de las ayudas. Con sus expectativas puestas en San Telmo, nunca se ha bajado de la tesis exagerada que otorgaba a Griñán y Chaves la máxima responsabilidad en el ejercicio fraudulento, cuando las funciones en una administración como la andaluza, están bastante claras. Orquestó una campaña mediática –algo que se le da muy bien y que está muy de actualidad ahora en Cataluña-, que le llevó a bascular de un extremo a otro en el momento en que no consiguió gobernar. Del ‘a por todas’ en sus exigencias de entonces y en las conclusiones de la comisión, al ‘nada’ pactado a modo de rabieta. Esto da que pensar: ¿Su intención era sólo ir a por Griñán o querían conocer la verdad? ¿Será que, viendo ya que no va a presidir la Junta, le da lo mismo cerrar la comisión en falso?

Desde luego, es un movimiento que, a nivel de estrategia política es difícil de entender. El caso de los ERE le ha servido al PP en gran parte para ganar, por primera vez en la historia de la democracia, sus primeras elecciones en Andalucía. ¿Cómo deja pasar esta oportunidad de oposición tan evidente al PSOE? ¿No hubiera ejercido mejor su papel de control del poder que le corresponde, si hubiese llegado a un acuerdo razonable con IU? Desde la sorpresa de las elecciones, el PP en Andalucía se comporta como una suerte de partido acomplejado que, sin la figura de Arenas, no termina de encontrar su rumbo. Sólo desvía su queja por todo hacia el pacto de gobierno y llega a defender posiciones que rozan la esquizofrenia criticando recortes en los presupuestos de la Junta al mismo tiempo que defiende las ‘reformas’ de Rajoy en el Gobierno Central.

Es entendible que el PP no quiera ceder protagonismo a IU cuando está en contra de lo que denomina como ‘bipartito perdedor’, pero las responsabilidades a las que apunta la federación de izquierdas en el dictamen inicial son mucho más altas e interesantes que a las que se han acogido finalmente. ¿Por qué renuncia a ellas? Con esto sólo consigue, por una parte, que no se haya depurado una responsabilidad política real, lo cual también es función suya como representante de los ciudadanos que le votaron, recordemos, mayoritariamente. Y por otra, hace que Griñán siga sin tener a nadie que le tosa en el Parlamento, atreviéndose a postularse incluso, como el salvador del PSOE.

Izquierda Unida por su parte, ha podido actuar con cierto miedo a que su beligerancia en la comisión desembocase en una ruptura del pacto en el que está gobernando. Pero esto tiene una doble lectura porque en realidad, si no fuese por el pacto, la comisión no se hubiese podido crear. La intención era positiva, pero los resultados dejan mucho que desear.

Lo que queda es una situación rocambolesca. El PSOE de Andalucía que, en contra de lo que le ocurre en el resto del Estado, se encuentra en su máximo apogeo, sale airoso del asunto. Cosas de la política. Siendo el partido más castigado en las elecciones, ha conseguido reforzar su influencia. ¿De verdad esta es la voluntad de los ciudadanos?

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Problemón


En un desayuno informativo, esta mañana José Antonio Griñán ha dicho que él es pactista por naturaleza. El presidente andaluz y del PSOE viene a decir que el partido no tiene un problema de ideas, y que su papel tiene que ir encaminado a protagonizar grandes pactos sobre los problemas actuales.

Ante los recientes descalabros del PSOE y la incertidumbre que sembró su ambigüedad a la hora de cuestionar el liderazgo de Rubalcaba, el protagonismo de Griñán está sirviéndole de escaparate para ofrecer una serie de mensajes, a modo de ‘rumbo a seguir’ para el partido, pero sin interferir mucho (pactadamente hasta las elecciones catalanas) en el trabajo del secretario general, Rubalcaba.

La cuestión es que estos mensajes, envían una imagen de desconcierto también desde la posible vía crítica o alternativa que él pueda representar. A parte de que, como ya hemos visto, su liderazgo competidor dentro del PSOE, le viene por el hecho de no tener oposición en Andalucía, y no por demostrar una gestión excesivamente brillante.

El gran error que lleva a este citado desconcierto, es en primer lugar, no reconocer los fallos propios. Decir que el PSOE no tiene problemas de ideas, cuando ha tenido que cambiar su postura sobre qué hacer con los desahucios sólo 10 meses después de que, estando en el Gobierno y pudiendo haber tomado alguna medida, no lo hiciera, ya es un problema de ideas en sí.

Además, pretender volver a estar presente en las decisiones políticas a base de pactos, y acuerdos cerrados (con el PP, se entiende) arroja un déficit de cultura democrática que no casa con la supuesta regeneración que pretende plantear. Los pactos pueden servir en momentos puntuales pero, ¿no será más lógico pretender solucionar los problemas entre todos (los partidos, ciudadanos, etc) antes que entre el PSOE y el PP como da a entender Griñán? ¿Pactos de salón sobre el modelo territorial? ¿No habría que consultar a la gente? ¿No será más útil para un partido que pretende liderar la izquierda defender de verdad el Estado del Bienestar antes que intentar pactar con la derecha sobre algo en lo que ella no cree? ¿A qué acuerdo sobre el modelo territorial y la intención de cambiar la Constitución van a llegar con un partido (el PP) que nunca ha creído en el Estado de las Autonomías?

Por la vía del pacto con la derecha, al PSOE (y a los derechos sociales sobre todo) no le ha ido muy bien. Entonces, ¿a qué clase de suicidio juega?

Cuando un partido socialdemócrata con responsabilidad reciente de gobierno, permite que sea un partido de derechas el que llegue a adoptar medidas ‘sociales/populares’ como la de los desahucios o la Ley de Transparencia, no es que tenga un problema de ideas, es que tiene un problemón.

domingo, 28 de octubre de 2012

La(s) izquierda(s)(?) y sus cosas


Hoy la prensa nacional se ha puesto de acuerdo para hablar del PSOE. Por Internet, se leen comentarios reprochadores que indican la causa de muerte del periodismo por hablar de cosas que no interesan a la gente. Yo no lo creo tan así. Es cierto que la actualidad arroja temas que a nivel de servicio, le interesan más a los ciudadanos, en teoría. Pero en la práctica vemos que tampoco funcionan. No por mucho hablar más de recortes y denuncias –temas que indudablemente, entiendo muy necesarios-, se venden más periódicos, o se difunde mejor la crítica al poder, que es en lo que consiste. Los problemas del periodismo son muchos y difíciles, no se reducen a esto.

Analizar la política en términos de partido, aunque afecte menos directamente a la gente, también es un servicio que -eso sí, bien hecho-, está entre el A-B-C del periodismo desde sus inicios (con perdón por lo de ABC y lo de “bien hecho”).

Una de las conclusiones obvias es que el PSOE tiene que aprender a encontrar respuestas rápidas. Si quiere ser algo en la izquierda tiene que ir al ritmo que marcan los movimientos sociales, no las estructuras estancas. Si se está planteando un debate en la calle sobre el Modelo de Estado, el modelo de democracia, o cualquier otra sensibilidad, se tiene que trasladar al funcionamiento del partido y proponer ideas, si de verdad se quiere re-conectar con la sociedad. Moverse rápido no es tan difícil. Para otras cosas (erróneas) que le han llevado a donde está -como el cambio en la Constitución-, bien que se dio prisa.

En concreto, tiene que perfilar su postura en el federalismo si no quiere quedarse fuera del Parlament de Catalunya. Y tiene que hacerlo ya, porque el debate es ya, no dentro de un año, como tiene previsto la ejecutiva.

Evidentemente también tiene que reengancharse a sus raíces, las casas del pueblo, como ha apuntadoalgún dirigente. Pero aparte de esas conclusiones obvias, en las que está como norma número uno dejarse en definitiva de vaivenes yé-yé con el neoliberalismo en sus políticas (tanto de González como de Zapatero), está el solucionar –otra vez, rápido-, el tema del liderazgo.

Y esto, también, tiene que hacerlo con honestidad. No se pueden ocultar a sus votantes los movimientos internos a la vez que se defiende la pluralidad. O se defiende o no. Lo que no se puede es tener escondido durante ocho meses después de un congreso tan polémico, ese fulgor que luego resurge cuando hay problemas (léase batacazos en Galicia y Euskadi) y que cuestiona la dirección. Esa crítica tiene que estar más presente siempre, no de forma intermitente. Hay que saber gestionarla.

En cuanto a Andalucía, si Griñán va a liderar de verdad la oposición a Rajoy, no debe servirle para practicar otro ejercicio de transfuguismo ‘a lo Chaves’, de Sevilla a Madrid. Tiene que hacerlo desde la Junta. Directamente, no se lo puede permitir. El PSOE ya no tiene ni la mayoría absoluta, ni todo el poder (el ámbito municipal pertenece al PP) y además, gobierna gracias a IU.

Si la corriente crítica dentro del partido que representa la federación andaluza quiere descabezar a Rubalcaba, no tiene que ser con José Antonio Griñán directamente, si no con alguien que lo represente dentro de su entorno. En cualquier caso todo apunta a Susana Díaz.

En definitiva, si el PSOE de Andalucía cree que tiene que liderar ese proceso de renovación dentro del federal, que lo haga. Pero que lo haga ya, -una vez más, rápido-. Porque la situación en Andalucía es cada vez peor, -más paro, unos presupuestos complicadísimos, asfixia financiera- y la única tregua que tiene es la situación de un PP andaluz a la deriva por la sucesión forzada de Arenas a Zoido, a la vez que una IU aliada para formar gobierno.

Es decir, el único síntoma de liderazgo que tiene Griñán para ofrecer al PSOE es no tener oposición, pero desde luego no es una gestión estupenda. Y esta situación no tiene por qué durar siempre. Por lo tanto, si comete el error de dejarlo todo en la Junta por irse a Ferraz, probablemente la solución sea peor que el remedio, tanto en el PSOE de Madrid como en el Andalucía.

En medio de todo esto, quien tendría que aprovechar la situación para tener algo más que decir es IU. Los dos grandes partidos están en medio de esos revuelos orgánicos. Pero ¿y la federación de izquerdas? Ahora más que nunca se debería notar su presencia en el Parlamento. Y de verdad, motivos no le faltan.

lunes, 22 de octubre de 2012

La dichosa reflexión


Tras el nuevo batacazo del PSOE en las elecciones gallegas y vascas, algunos dirigentes se retuercen en la silla del partido, como si les molestara de incomodidad en la espalda y los riñones. Es obvio, viendo la deriva que lleva desde que empezó el ciclo de pérdidas en las municipales de 2011.

José Bono achaca la tragedia al hecho de ‘desdibujarse’ por haberse aliado con nacionalistas o comunistas. Por otro lado va el secretario general del PSPV en Alicante, quien por ejemplo pide la re-conexión del partido con los ciudadanos. Sobre todo a nivel local, con un trabajo de fondo que busque paliar la distancia que marcaron, -entiendo-, cosas como la reforma express de la Constitución y otras decisiones que afectaron a mucha gente.

La comisión permanente de la ejecutiva, en su papel hermético, cierra filas en torno a Rubalcaba, y dice pretender acelerar los cambios ya previstos (su idea de modelo de Estado: el federalismo, y una hoja de ruta de alternativa económica), pero sin pensar mover ni un sólo nombre de su mesa. Es decir, cambiarlo todo para que nada cambie.

Y luego están las declaraciones de José Antonio Griñán, presidente del partido y de la Junta de Andalucía (único centro de poder grande que le queda) quien piensa que “PSOE y PNV tienen mucho que decir conjuantamente” en Euskadi.

Más allá de la reflexión que se esconde, en la que está la idea de mantenerse en el poder de alguna forma, está en evidencia las pocas ganas de refundación del partido por sus malos resultados. Y eso que Griñán es de los ‘avanzados’ en este sentido. Porque junto con esas declaraciones, el presidente de la Junta también opina que “conviene mantener alejado a la formación Bildu de las decisiones más trascendentales que puedan tomarse en País Vasco”. 

Y esto es un tic que demuestra una arrogancia imposible de encajar en los valores de una supuesta voluntad de regeneración de la izquierda. Griñán puede tener todos los indicios del mundo que quiera para pensar que a Bildu le falte trayectoria democrática, incluso aunque esté avalado legalmente por el Tribunal Constitucional. Pero lo que no puede es pretender alejar a ningún partido de las “decisiones trascendentales” de su territorio, cuando le han votado 60.000 personas más que al suyo. ¿No será que lo que le molesta es eso? ¿Es que esos votos no tienen legitimidad para el presidente? ¿Es que los 21 escaños de Bildu no se han elegido tan democráticamente como los del PSE? ¿Por qué no pueden servir para tomar “decisiones trascendentales”? Evidentemente Griñán puede dudar y cuestionar de la capacidad de Bildu para muchas cosas, pero pretender que no gobierne a toda costa, porque sí, no puede ser válido en democracia. ¿qué habría pasado si eso lo hubiera dicho Mintegui?

Más allá de posicionamientos sobre modelos territoriales o económicos, con esa actitud es muy difícil que el partido pueda recuperar la salida de tanta gente que sí cree en la democracia de verdad y que demanda cada vez más, tal y como estamos viendo, un avance en diálogo y participación y no un retroceso, representado por esas declaraciones.

martes, 18 de septiembre de 2012

Una quimera de carta

Con la llegada de la crisis económica, política, y de muchas más dimensiones a este país, las reacciones desde todos los ámbitos no paran de multiplicarse. La Casa Real es una de las instituciones que lleva varias semanas 'reaccionando' con una campaña de propaganda bastante activa. Gira en torno a la transparencia, debido al cuestionamiento que muchos ciudadanos están haciendo de su figura a raíz de los casos de corrupción y errores varios cometidos en los últimos meses. Uno de los ejercicios de la citada transparencia han sido 16 fotos estupendas que distribuyó el pasado fin de semana la casa del Rey, con motivo del 40 cumpleaños de la Princesa de Asturias. En las fotos se les ve transparentemente felices al heredero de la Corona, su señora y sus dos pequeñas.

Otro, lo hemos vivido hoy, con una carta que dirige Don Juan Carlos a todos los españoles en la nueva página web que la institución monárquica ha puesto en marcha para acompañar al cumplimiento de la futura Ley de Transparencia. En ella, su Majestad insta a que recuperemos "la unión y la concordia" particulares de "nuestra Transición democrática". 

La cuestión es que Don Juan Carlos está pidiendo, con mucha transparencia, algo imposible ya que no se puede esperar el resultado de algo, cuando ese algo no sucede. Para pedir ese espíritu de unión, se deben dar las mismas condiciones que en su día lo facilitaron. Es decir, un proceso de cambio, de transformación, de ilusión colectiva, de transición (que para algo está la palabra) como el que se dio en su día. Alejándonos por supuesto de mitos y fetiches sobre lo maravillosos (o no) que fueron esos años, tenemos que entender que ese mismo proceso es el que precisamente están pidiendo cada vez más ciudadanos. Y lo que no sabemos, a pesar de tanta transparencia, es si La Corona está dispuesta a afrontarlo de nuevo.

Lo que está pasando es que para cada vez más gente, este sistema electoral no vale, este sistema económico no vale, este modelo territorial de Estado no vale, y quizá también, esta monarquía no vale. Los acontecimientos están hablando por sí solos, y parece que ni los grandes partidos, ni la institución monárquica están dispuestos a responder. Por lo tanto, ¿de qué sirve pedir con tanta transparencia ese esfuerzo de unión a cambio de -ningún cambio-, precisamente? Es imposible que ese mensaje pueda calar en este momento, y menos cuando se menosprecia tachando de "quimeras" a las voces disidentes. La Casa Real debería cambiar sus esfuerzos de hacernos creer que tenemos acceso a su información, antes de que (ojalá), sea demasiado tarde.

viernes, 24 de agosto de 2012

ERE, que ERE


Hoy finaliza la primera semana de comparecencias  -sin respuestas-, en una comisión parlamentaria que reúne los mejores ingredientes para cocinar un plato muy de moda: el descrédito político. El caso de los supuestos ERE fraudulentos de la Junta de Andalucía lleva copando la mitad del debate político andaluz en lo que va de legislatura. La otra mitad, se centra en cuestiones de ámbito nacional -recortes, reformas, etc-,  con su consiguiente batería de reproches entre partidos.

Con 17 años de letargo desde que hubo la última comisión de investigación en el Parlamento de Andalucía, los partidos parecen haber entrado en un juego donde no conocen –o no se acuerdan-, de las reglas.

Un caso muy electoral

La oposición del PP ha liderado con torpeza un discurso repetitivo que se basa en la acusación constante a la cúpula de la administración andaluza. Sin esperar resoluciones de informes oficiales (como los filtrados de la Cámara de Cuentas), opinando precipitadamente en cada mínimo movimiento de la investigación y con el apoyo de la derecha mediática para marcar el ritmo del caso en su beneficio –electoral-, parece estar más preocupado en un rédito político que no termina de alcanzar, antes que en esclarecer qué ha pasado exactamente con los mil millones de euros en ayudas asignadas en principio de forma fraudulenta.

La instrucción judicial padece, de vez en cuando, tics de instrucción política. Los ritmos del procedimiento han ido desarrollándose con una adaptación demasiado coincidente con respecto a los tiempos electorales. La actividad durante la campaña se aceleró; se ha tardado en llamar a declarar a imputados hasta 13 meses más tarde; algunas resoluciones han coincidido con plenos en la Cámara; e incluso la Audiencia ha reconsiderado decisiones que la propia jueza Alaya ha tenido que rectificar. 

Esto supone que la vertiente judicial del caso se está mezclando constantemente con la parlamentaria, la que corresponde a la comisión. Y éste es otro punto en contra del PP, ya que las conexiones entre la jueza instructora con el partido parecen estar de alguna forma en evidencia, con la relación que le uniría al actual presidente del PP andaluz y alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido.  Ambos habrían coincidido en algún expediente judicial en la etapa en la que el actual regidor ocupaba su plaza como juez decano de la Audiencia de Sevilla. De ser verdad, la confusión peligrosa de distintos poderes del Estado deja en muy mal lugar a la democracia y a quien la protagoniza, en este caso la derecha. Además, si comparamos la actitud que ha tenido el poder judicial con respecto al PP en otros casos similares, podemos comprobar que existen diferencias. Ni las formas ni el fondo han sido parecidas en otros casos de corrupción donde el partido se ha visto implicado en otros territorios.

Comparecencias para todos

Por otro lado están los partidos del Gobierno andaluz. Izquierda Unida tiene en sus manos una llave que parece venirle grande a veces. Puso como condición a su pacto de gobierno con el PSOE que se aprobase esta comisión que el partido de Griñán vetó hasta en 10 ocasiones en la legislatura anterior, cuando tenía mayoría absoluta. Sin embargo, IU lidera el proceso político entrando al juego de las comparecencias-escándalo. Si la lista de 24 personas para comparecer que presentó el PP desde el principio era ambiciosa, las propuestas de la federación de izquierdas se dejaron llevar por las ganas de revancha del PSOE. Que IU exija acudir a la comisión a miembros populares como Eduardo Zaplana, el mismo Zoido, o Javier Arenas, fabricando piruetas argumentativas con su responsabilidad en el ERE de la Faja Pirítica de Riotinto, también responde poco a las ganas que parecía tener de conocer la verdad sobre el caso.

El PSOE-A por su parte, está protagonizando su rol continuo de animal acorralado y nervioso. Aunque a nivel judicial forme parte de la propia acusación, y eso diga mucho de su disposición institucional, la estrategia política con respecto al caso se le ha ido a veces de las manos. Griñán acudirá el viernes que viene a la comisión tras el intento de su grupo parlamentario de impedir por todos los medios que comparecieran cargos verdaderamente relevantes. Tras la argumentación constante de que era innecesaria la presencia del actual presidente y el expresidente Chaves, el mismo Griñán tuvo que irse a Madrid a expresar su voluntad de acudir, dejando en evidencia a su grupo parlamentario que se había negado semana tras semana a que se sentara en la comisión.

Los intentos de quitarle importancia a un asunto de corrupción tan flagrante, demuestran que para el PSOE es un tema muy incómodo del que quiere pasar página pronto. La formación misma del propio ejecutivo, demostró una arrogancia que puede ser el disfraz perfecto para una inseguridad casi infantil. Griñán no entendió que realmente no ganó las elecciones y metió en su gobierno al aparato del partido en contra de perfiles más técnicos, cuando en realidad había perdido 9 escaños y 600.000 votos.

A esto se le puede añadir indudablemente el bajo perfil de los diputados que el grupo socialista nombró para participar en la comisión, y sobre todo la nefasta actuación de los mismos en las comparecencias de esta primera semana pasada, haciendo sus preguntas por escrito en contra de lo acordado.

En definitiva, el papel que muestran los tres partidos con representación parlamentaria en el caso de los ERE es bastante mediocre. Se habla a veces de lo inservible de una comisión como ésta, argumentando que las responsabilidades judiciales están garantizadas y no a todos los llamados a declarar se le pueden exigir responsabilidades políticas porque nunca fueron elegidos. Pero esto no debería ser así. La comisión no sólo puede, si no debe, dictaminar lo correcto o no de un procedimiento general o actuaciones concretas de personas que han sido elegidas para representar a ciudadanos. Eso va más allá de castigos electorales. Se trata de la garantía de que los supuestos errores de una institución representativa sirvan para aprender y ejemplificar con la intención de que no se vuelvan a repetir. En cualquier democracia que se precie, una comisión así terminaría con mociones de censura o cuestiones de confianza que incluso pueden acabar con gobiernos. Pero eso no parece que vaya a ocurrir aquí.

En un país donde la confianza de los ciudadanos en las instituciones está rozando sus mínimos históricos, no se debería desaprovechar una oportunidad tan buena para demostrar que la política sí puede servir para algo. El caso es lo bastante importante para ello. Los ciudadanos necesitan, aparte de que se esclarezca judicialmente lo ocurrido y se asuman las responsabilidades oportunas, que se rindan cuentas a la soberanía otorgada por ellos mismos en las urnas.  

jueves, 9 de agosto de 2012

Agosto y la oportunidad


Agosto coloca como de costumbre el punto extravagante en la agenda de los medios. Si ya de por sí ésta atiende normalmente a criterios de cuestionable interés público, con la llegada del mes baldío se desata la imaginación de editores y directores de contenidos. Al ya clásico calor que nos enfunda cada verano en “el más caluroso de los últimos [inserte número aquí] años”, este mes tenemos además una buena dosis de propaganda (des)cubierta.

Desde luego, el ejecutivo de Rajoy ha tenido uno de sus pocos aciertos en estrategia de comunicación, aunque el mérito no sea del todo suyo. Aún estando de vacaciones, sus acciones de gobierno siguen dejando huellas de las que poco se está hablando. Que se lo pregunten a inmigrantes y parados.

Esta semana, tenemos otro tema con el que abrir informativos. Las acciones del SAT en dos supermercados andaluces copan la mirada de los medios entrando en el juego de quienes han ideado la estrategia y sobre todo, de quien les responde: el propio gobierno. Ambas partes han actuado con la desmesura que invita a las situaciones y declaraciones surrealistas que se están viendo estos días y que al final, colocan el foco en lo menos importante.

La estrategia de Sánchez Gordillo no pasa del marketing de guerrilla que pretendía escenificar. Con la excepción del excesivo mal rato que pasaron –según las imágenes- algunas trabajadoras del supermercado donde sucedieron y que nunca se debieron producir porque nunca está justificado ese trato. Sobre todo porque seguramente la acción podía haberse resuelto de otra forma menos agresiva, como se demostró en el otro establecimiento.

En este sentido, el análisisque hace el propio Gordillo de que la acción ha puesto el debate sobre la pobreza en Andalucía encima de la mesa es erróneo. Las formas, han conseguido tapar al fondo legítimo del hecho. Y esto es en parte, también responsabilidad suya.

Del otro lado está la escenificación del tema como ‘asunto de Estado’, por parte de los ministros de Interior y Justicia. Lo que sucedió en uno de los establecimientos fue un hurto (porque en el otro se supone que hubo un acuerdo). Ni asalto, ni atraco, ni literatura fantástica. Es un hurto que, en cualquier caso, no pasaría de los 400 euros de multa y que en ningún momento más que en éste, provocaría la orden de detención pública (medios convocados mediante) de nadie. Y de ciertas reacciones políticas, mejor ni hablamos.

Lo que sí pone de manifiesto este hecho es lo estruendoso que supone que se persiga esta canallada veraniega mientras se cierran las unidades de investigación fiscal en Baleares, por ejemplo, o se deja impunes a decenas de ladrones de guante blanco que pululan por este país.

Pero insistiendo, no se habla de la renta básica, una de las reivindicaciones del SAT, ni de la posibilidad de regular la industria agroalimentaria para evitar especulaciones injustas mientras cada vez más gente pasa hambre, ni del modelo de consumo, ni de todas las cosas que se pretendían poner sobre la mesa. Lo único que hay es una generosa campaña de distracción beneficiosa para el PP en el gobierno, consiguiendo criminalizar reivindicaciones necesarias.

miércoles, 1 de agosto de 2012

"Condiciones extremadamente favorables"


Con estas palabras excusaba el ministro Luís de Guindos al rescate bancario de 100.000 millones de euros que pidió el Estado a Europa. No habrá, -decía-, indicaciones macroeconómicas a cambio de esta "línea de crédito". Esto sucedía pocas semanas antes de subir (más) el IVA, dejar a los funcionarios sin paga de navidad y reducir las prestaciones por desempleo. Y el caso es que después de cruces de declaraciones y "debates nominalistas" varios, se conseguía dejar claro de una vez que los millones prestados sí repercutirán en deuda para el Estado, ya que es éste quien los gestionará para tapar los agujeros financieros del país.

De aquellos barros, estos lodos. Una vez asumido esto, toda la estrategia del Gobierno se ha basado en poner en pie la idea de que el aumento de deuda estatal no iba a repercutir en sus cuentas y por lo tanto, no existían las famosas condiciones. Y lo ha conseguido: la deuda va a repercutir en las Comunidades Autónomas y las condiciones por tanto, las asumen éstas.

La reunión del Consejo dePolítica Fiscal y Financiera de ayer traía sorpresa. Además de los objetivos de cumplimiento (obligado) del déficit para las administraciones públicas, ahora también se exige un límite igualitario en el nivel de deuda según el PIB. Gracias al rescate, el Estado ha sobrepasado en seis meses el nivel de deuda que tenía previsto para todo el año. Así, Montoro ha tenido que volver a idear otromecanismo de los suyos, con el que repartir ese esfuerzo de contención añadido en las Comunidades Autónomas. Y aquí es donde está la trampa.

Esto lo hace aún habiendo conseguido relajar el objetivo del déficit para el Estado y sabiendo también que, curiosamente, son las comunidades las que gestionan el Estado del Bienestar. El complicado cálculo del porcentaje que cada territorio puede endeudarse, es además ilógico. Se hace por igual para todos, sin tener en cuenta que algunas comunidades llevaban hasta mayo (cuando se fijó el último límite) un nivel de endeudamiento de más del 20% de su PIB, mientras que otras, como Andalucía, estaban por debajo de la media.

Es ilógico porque el resultado es que algunas tienen que reducir ahora sus presupuestos, inevitablemente en Sanidad y Educación. Y a Andalucía por ejemplo, se le exigen unos 2700 millones de euros (más de los que ya ha recortado) para este año, lo que según la Junta supondría cerrar todos los hospitales públicos o la mitad de los colegios. La situación vuelve a distorsionar el sentido de los debates políticos.

El PP lleva detrás de todas estas estrategias la revisión del modelo de Estado, como ya hemos visto, de forma unilateral. Mientras hace impracticable el funcionamiento de los servicios públicos a los que siempre ha cuestionado, puede levantar humo con la confrontación partidista y aburrida de siempre. Al mismo tiempo, excusa la eliminación de estos servicios en la idea de que no hay otra alternativa y por lo tanto el no hacerlo lo vende como una deslealtad institucional o como un ridículo europeo.

Por su parte, el PSOE que actualmente tiene como voz de protesta a la propia Junta de Andalucía más que al partido en sí, se echa las manos a la cabeza. Griñán es capaz de reconocer las orejas al lobo, y sabe que esta medida injusta, lleva detrás el desmantelamiento del Estado del Bienestar, más que un revuelco partidista (que también). Su alboroto de esta mañana refleja un conocimiento a la altura de la situación, sin entrar en territorialidades ni sentimentalismos. Esto le confiere la altura de miras que tiene como ventaja política. Pero su partido tiene detrás al pacto para la ‘reforma exprés’ de la Constitución que incluía hacer de estas mismas estrategias de contención de déficit al dogma absoluto en la carta magna. Y ahora no puede desligarse de ello por mucho que quiera.

En medio de la trifulca, la cuestión es que las condiciones favorables del rescate se ven más cerca sin que la gente lo sepa, bajo el mantra de una riña de partidos como otra cualquiera. No sabemos cómo va a salir de ésta la Junta, porque está claro que los andaluces no tienen por qué pagar las condiciones del rescate, pero las medidas adoptadas ayer son de obligado cumplimiento. El reto institucional que tiene en sus manos es impresionante. Y por desgracia, cabe esperar que más impresionante será el precio a pagar por los de siempre.

viernes, 27 de julio de 2012

Las dos Españas

Fuente: El País
El mito de las dos Españas renace de nuevo con otra orientación. Gira 90º el eje vertical de la izquierda y la derecha para colocarse en el crudo horizontal separador. El sur y el norte están otra vez más distanciados. Si la recomposición postfranquista del Estado hacia las autonomías consiguió de alguna manera reducir la diferencias económicas entre ambos, la crisis está devolviendo la realidad a los datos anteriores a los ochenta.

Los datos del paro de hoy demuestran que, aunque la situación sea dificíl para todos los territorios, el norte sigue aguantando mejor el desempleo y todas las coomunidades más arriba de Madrid están por debajo de la media. El sur, por contra, mantiene estructuras económicas inestables y deficientes que se diluyen rápidamente cuando hay el mínimo atisbo de recesión. Y en la que estamos ahora no es precisamente pequeña.

Este aumento de las diferencias no sólo tienen efectos sociales evidentes, sino también en el plano institucional. Con datos así, la idea de la solidaridad interterritorial se hace cada vez más insostenible. Los ricos quieren seguir siendo más ricos -sobre todo ahora que ven en peligro su estatus-, y los pobres quieren seguir teniendo ayuda para no terminar aún peor. Ya hemos visto que los debates de estas semanas en torno a la liquidez de las administraciones autonómicas (que no coincide necesariamente con los datos macroeconómicos), tienen como trasfondo al modelo autonómico en sí. Además, aunque ya viniera de antes, también se acrecienta la cuestión de las aspiraciones fiscales propias de Cataluña, quien quiere acabar con su déficit de inversiones.

La historia sur-norte da para mucho. Extrapolando a casi todos los contextos ocurre la misma dicotomía. Hoy lo vemos también en la furia que han levantado en Alemania la 'bondad' de las palabras del presidente del BCE, Mario Draghi que han dado un respiro a la bolsa y prima de riesgo españolas. Las cabeceras alemanas se ceban con lo que para ellos es un error: no se debe beneficiar a los torpes, vagos y desobedientes países del sur (europeo).

La teoría que rula por España para dejar de subvencionar (o mamandurriar como diría Esperanza Aguirre) a las comunidades del sur también van en esa línea. Y dejando claro que, por supuesto, lo necesario es combatir los problemas estructurales y endémicos de economías como la andaluza más que darles limosna, es peligroso que se descuelgue la idea de la solidaridad para construir Estado. Porque finalmente en quien repercuten estas cuestiones es en los ciudadanos, los territorios no son más que nombres. Y en los hechos, muestran objetivamente que los ciudadanos del sur viven peor.

Seguir por la senda de la desigualdad difícilmente va a conseguir una sociedad más capacitada para salir de la crisis. Es necesario que la financiación de las comunidades se ajuste a las necesidades que tienen, basadas en costear el Estado del Bienestar. Cataluña recibe menos dinero de Madrid, pero costear su propio Estado del Bienestar es más barato, porque sus ciudadanos lo necesitan menos. Además, los fundamentos liberales que sostienen al partido que gobierna allí, están en contra de intervenir en economía y de gastar en servicios sociales, por lo que no debería demostrar tanta insistencia en reducir el déficit fiscal con la excusa de que lo necesitan para costear sus servicios porque sencillamente, no es cierto. CiU esconde, como la derecha española, su ideología ante la premura de la crisis (y su dependencia con España) para decir que los recortes que hace no tienen otra alternativa, cuando en realidad, forman parte de su proyecto político.